El Puente de la Esperanza

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Por Rebecca Graf

Derechos del autor por Rebecca Graf

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Impreso en los Estados Unidos.

DEDICATORIA

La historia es dedicada para todos aquellos que han peleado por la libertad y vieron un mundo donde no existe separación en base a su color de piel. Muchos hombres y mujeres sin nombres dieron sus vidas con la intención de encontrar una vida donde ellos pudieran vivir como Dios predijo. Por ellos, levantamos nuestros sombreros y los honramos por sus esfuerzos.

Por el autor

Esta fue una historia difícil de escribir, ya que tuve que colocarme en la mente de aquellas personas que aborrezco. Pero fue la esperanza que tuvo aquel hombre esclavo, la que me ayudó a pensarla. Esta historia se basa simplemente en una historia fantasma donde un esclavo había sido colgado en un puente cubierto. Se ha dicho que aún se aparece en el área.  Yo me pregunto, que lo hizo correr y por qué lo colgaron. Pero más que todo, por qué aún sigue apareciéndose en el mismo lugar. A partir de esas preguntas, esta historia de esperanza nació. Aunque muchos pueden discutir que nuestra sociedad no se encuentra donde debería estar, no podemos negar que hemos avanzado un gran paso. A lo mejor esta historia de esperanza pueda ayudar aquellos a ver el progreso y tener esperanza por avanzar aún más.

Samuel cayó sobre sus rodillas. El costado de su cuerpo le quemaba como si hubiera sido golpeado con un hierro caliente. Sudor bajaba por su cuerpo y caía sobre el suelo caliente, mezclándose con la sangre que traicionaba su olor a los perros. Su respiración dolía mientras miraba la ruta al frente de él. A la distancia, él escuchó un ladrido. La energía perdida fue encontrada nuevamente. Se estimuló a sí mismo a seguir hacia la vegetación.

Sus pies golpeaban el piso inestable. Los perros ladraban. Ellos habían encontrado su olor. Él siguió. Sus manos arrancaban raíces y jóvenes árboles tratando de empujarse hacia una pequeña colina. Astillas se iban clavando en su piel y rompiendo en pedazos lo que quedaba de su ropa. El día se iba calentando mientras el sol se alzaba cada vez más alto en el cielo.

Su corazón se sintió pesado. Qué pasará con él, él no tenía ni idea. Él nunca había estado más allá del borde del condado. Ahora él intentaba llegar a esos puntos y más allá. No existía ninguna posibilidad de éxito, pero tenía que intentarlo. Él moriría intentándolo.

Era una pequeña raíz la que hizo su deshacer al correr. Sus pies descalzos se atraparon y lo enviaron volando abajo de una pequeña colina hacia un arroyo con corriente rápida.  Una y otra vez se cayó. Hasta que se detuvo con el rostro enterrado en el barro al lado del arroyo. El dolor lo sentía desde el tobillo hasta arriba de la pierna. Agotamiento y dolor nublaba su cerebro lo suficiente como para tomar un tiempo para retomar su ingenio. Era demasiado tiempo.

Sus manos lo empujaron a levantarse en sus pies. Sus pies se resbalaron hacia el barro, pero sus manos agresivamente lo sostuvieron. Los hombres se colocaron a su alrededor.

“Muévete, NEGRO!”

Al abrir sus ojos, Samuel conoció los rostros de sus perseguidores. Su corazón se hundió. Se había terminado. La libertad había sido un sueño después de todo. Un sueño que nunca tuvo el gusto en probar.

Con duras manos que estaban determinadas a no enseñarle misericordia, los hombres lo empujaron hacia adelante. Él escuchó varios gritos detrás de él. Los perros ladraban ferozmente. Ellos agresivamente lo empujaron y lo jalaron hacia debajo del arroyo.

Samuel levantó su rostro. Ellos lo estaban llevando hacia el puente viejo cubierto, ese puente llamado Old Stonemill road sobre el arroyo Nickerson. Fue ahí cuando supo por certeza cuál era su destino.  No como si supiera que la muerte no era su destino. Él justo había rezado que fuera un disparo en el corazón, y no una soga en el cuello.

“¿Dónde está la soga?”

Su corazón se contrajo, igual que su garganta. Sería una soga, lo que significaba que la muerte sería agonizantemente lenta. Pero valió la pena. Él había captado un eclipse de libertad mientras corría hacia ella. Las manos que lo agarraban se apretaron. Él podía sentir la circulación abandonando sus brazos por donde lo apretaron, empujándolo hacia el puente. Las ramas caídas en el suelo lo hicieron tropezarse, pero las manos que lo sostenían, lo agarraron y empujaron hacia su muerte.

Él podía oler el odio de los hombres. Tenía una esencia única que era similar al miedo, pero poseía un hedor más enfermizo. Él había olido ese hedor todos los días de su vida a través de las duras manos de su patrón. La primera vez que el olor lo había sentido fue cuando él corrió hacia su madre, que estaba siendo llevada en cadenas. Ella había sido vendida y arrancada de sus brazos con sólo cinco años de edad. Su patrón lo había derribado con la parte de atrás de su mano y levantado el látigo. El látigo bajó mientras su madre gritaba. Samuel pudo oler el odio que su patrón tenía hacia él. Él nunca pudo entender porque no había sido vendido también si era tan despreciado. Sería una pregunta de la cual nunca tendría respuesta.

Él levantó su cabeza para ver aquel hombre de sus recuerdos esperándolo en el borde del puente. Herbert Cunningham levantó la esquina de su boca y escupió una línea de jugo de tabaco. Odio brillaba en sus ojos. Un látigo colgaba de su mano mientras el hombre de cabello blanco observaba al grupo de hombre arrastrar al esclavo hacia él.

“Esta será la última vez que me das problemas, Samuel”. Cunningham sacudió el látigo. Lo desenrolló en su mano y golpeó con fuerza hacia la tierra. “Estoy cansado de lidiar con tu desobediencia negro!”.

Samuel fue colocado al borde del puente cubierto. Su corazón golpeaba fuertemente en su pecho, tan fuerte que él sabía que los hombres cerca de él podían sentirlo. Una sensación de pesadez descendió en él. Peleó en contra aquellas lágrimas que querían salir de sus ojos.

Él pensó en la familia que estaría dejando atrás. Josiah había sido como una figura paterna casi toda su vida. Él le había enseñado como canalizar su enojo cuando se encontraba cerca de explotar y hacer algo precipitado. El hombre viejo había soportado su porción de golpes, pero él había aprendido como no atacar a su patrón o alguien más. Josiah era un buen hombre.

También se encontraba Frederick, quien se había convertido como un hermano para él. Ambos habían trabajado en la tierra casi todas sus vidas y habían estado ahí para ayudar uno al otro cuando tenían la dificultad para terminar su trabajo. Una vez, después de un encuentro severo con el látigo de su patrón, Samuel tuvo dificultades para terminar su trabajo al día siguiente. Su espalda se sentía como si hubiera estado en fuego. Fue Frederick quién se ofreció y lo ayudó a terminar antes del anochecer. Samuel nunca lo había olvidado.

Y ahí estaba el joven Iván, el hijo del Patrón. A pesar de la diferencia en color y estatus social, Samuel y el joven Iván habían formado una relación establecida en respeto. Cuando el patrón Iván era joven, se había caído hacia un río con corriente fuerte, después de una serie de truenos. Había sido un acto de arrogancia y estupidez para demostrarse fuerte delante de sus amigos. Samuel pasaba por ahí. No más que apenas dos años más que el hijo del patrón, pero no lo pensó ni dos veces en lanzarse a rescatarlo. Desde ese día, el patrón Iván observó a Samuel como algo más que un pedazo de propiedad ignorada hasta que era necesitada. Él lo veía como algo más. A través de los años, ellos habían encontrado maneras como comunicarse sin ser detectados, por los encargados de la plantación: bellotas en las escaleras, una piedra en un lugar en específico. Algunas veces hasta iban a pescar juntos. Samuel entendía quien se encontraba arriba en estatus, así cuando alguien se aparecía, bajaba su mirada y se convertía en el esclavo sirviente  y obediente. El patrón Iván nunca abusó de su poder en contra de Samuel. Aunque él no era una persona abiertamente amigable hacia otros, él nunca abusó individualmente y lo trató de una manera condescendiente. Samuel respetaba eso.

También estaba Lilie. Ella era muy especial para él. Ellos habían hablado de solicitar permiso para casarse, pero cada vez que Samuel se acercó a su patrón, fue rechazado a retirarse sin poder decir una palabra. Él tenía un consuelo. Ella llevaba su hijo, una parte de él continuaría en la vida. Él tenía la esperanza que el futuro fuera más alentador para su hijo o hija. La razón por la cual había tomado la decisión de escapar era por ella. Cuando él observó a su patrón tocándola como lo hacía, Samuel perdió todos los sentidos de la razón. Él salió a detenerlo para ser detenido por dos hombres encargados de la plantación. Ellos lo habían derribado y encerrado en el ahumado, donde podía observar a  través de un pequeño espacio en la madera como su amada era violada por su patrón y los dos encargados.   

Mientras la noche caía sobre el terreno, Samuel aún se encontraba encerrado. Él observó como el resto de los esclavos iban desapareciendo a sus cabañas. Un sonido de afuera llamó su atención. Observando a través de la madera, no podía descifrar nada en la oscuridad. La puerta del ahumado se abrió revelando una silueta.

“­ ¿Samuel? ¿Samuel?”

Un sentimiento de alivio y desesperación se encontraron en Samuel mientras escuchada la voz del hijo del patrón, Patrón Iván.

“Aquí, estoy”.

“Vamos”. La sombra el patrón Iván le hizo señas. “Apúrate”.

Samuel se levantó del suelo y se tropezó al salir a la luz. “Usted no debería de sacarme”.

“No hay tiempo para eso. Tienes que irte”. El patrón Iván hizo seña hacia el bosque. “Tienes que irte ahora”.

“¿Por qué?”. Samuel estaba confundido.

“Papá tiene planes de colgarte a primera hora de la mañana. Tienes que irte ya”.

Samuel miró hacia el grupo de cabañas que creaba una pequeña villa de esclavos. “¿Qué pasará con Lilie?”.

“Ella estará bien. Tengo una idea de venderla a Joshua Bowers. Él es un buen hombre y podrá cuidar de ella hasta que tú puedas comprar su libertad. No puedo enviarla contigo ahora. Si llegas a ser descubierto, los mataran a los dos y no habrá ningún niño”.

Samuel abrió los ojos en sorpresa que el joven Iván sabía de su secreto con Lillie. Él no debería estar sorprendido. El patrón Iván parecía tener sus oídos en todos lados y sabía casi todas las cosas que pasaban en la plantación, incluso con los esclavos. Muchas veces él le había advertido a Samuel acerca de chequeos que harían en las cabañas y que era lo que estarían buscando.

“¿Qué quieres que haga? ¿A dónde quieres que vaya?”.

El patrón Iván le pasó al esclavo una bolsa con cosas, lo que Samuel asumió era comida. “Ve hacia el rio. Tú tendrás algunas horas de ventaja para empezar. Una vez que cruces el rio, deberías estar a salvo, pero cruza al norte y sigue así. Yo escuché que muchos maquinistas del llamado Underground Railroad, viven ahí. Busca por algún esclavo fugitivo libre. Ellos te dirigirán mejor”. Él miró hacia la casa silenciosa donde el juez y verdugo de Samuel dormía pacíficamente. “Tienes que apresurarte. No lo dudo que papá se despertará antes de que el rayo del sol salga en el horizonte. Tú tienes que estar cerca del río para ese momento”.

Samuel asintió y tomó la bolsa. De todas aquellas cosas que le habían pasado, el patrón Iván sacándolo a lo inimaginable, fue lo más increíble. Con un pequeño golpe en su espalda como un verdadero hermano, el patrón Iván lo empujó hacia el bosque y escondiéndose entre las sombras para no ser detectado al pasar la casa.

Ahora, a pesar de correr durante la noche y sobrevivir a muchas caídas por aquellas piedras  y troncos no visibles, su oportunidad a la libertad se había ido. Él no llegó al río. Lo que hizo peor la situación, era que él podía escuchar, correr la corriente, cerca de una milla. Él había estado tan cerca.

La rudeza de la cuerda rasguñó su rostro mientras cruzada sobre su cabeza. El sudor bajando su rostro hizo que ardiera. A él no le importó. No existía ninguna esperanza para él.

Apretando la cuerda, el hombre más cerca de él escupió su cara. El color oscuro del tabaco se deslizó en su mejilla. Pero él, ni se movió.

“¿Algunas últimas palabras?”

Samuel con sus ojos oscuros observó al hombre y luego a su patrón quien tenía una mirada maliciosa. “¿Últimas palabras? sí señor, si tengo”

El patrón, Sr. Cunningham, se río. “Bueno, escúpelo pronto. No tenemos todo el día para esto. Tengo a Lillie esperando por mí. Deseo disfrutarla un poco más antes de hacerle lo mismo a ella”.

Un nudo se hizo en el estómago de Samuel. Él sintió cómo las lágrimas corrían por su rostro mientras la rabia lo consumía. No existía nada que pudiera hacer por su querida amada. Él sólo rezó que el patrón Iván pudiera salvarla de cualquier horror que su padre quiera seguir haciendo en sus manos.

“Le juro al Todopoderoso de que lo perseguiré hasta que su alma sea tomada por el infierno más profundo”. Samuel sintió cada palabra. Él quería que el hombre sufriera por todo el daño que le ha hecho a él y aquellos alrededor de él. Si sólo el patrón Iván hubiera estado a cargo, la plantación sería tan diferente. A lo mejor un lugar al que todos podrían llamar hogar.

Pero no era la realidad que él vivía en este momento.

Cunningham se río. “Puedes perseguirme todo lo que quieras, Negro!. Igual irás al infierno”.

El hombre asintió a aquellos hombres alrededor de Samuel. La cuerda se apretó alrededor de su cuello. Él suspiró por aire que no se pudo encontrar. De repente, él se encontró colgado en el aire, la soga apretando en su cuello. Él podía sentir la tierra debajo de sus dedos mientras colgaban en el aire. Él se encontraba a solo un paso de tocar el suelo, lo cual significaba que iba a morir.

Su visión se hizo nublosa. La sensación de fuego en su cuello se intensificó. La oscuridad empezó a cerrarse en él. Finalmente, su cuerpo se paralizó.

Samuel sacudió su cabeza, mientras se encontraba a sí mismo, mirando la espalda de un hombre. Fue sólo cuando el hombre se dio vuelta que vio que era el Sr. Herbert Cunningham. Pero la impresión más grande vino cuando vio detrás del hombre y se vio… así mismo.

Su cuerpo se encontraba colgado desde en el marco del puente cubierto de Oakachoy con una soga atada fuertemente en su cuello. Su cadáver.

Samuel miró hacia abajo a sus manos y vio lo transparente que eran y translúcidas. Él podía de hecho mirar la tierra del otro lado como si sus manos no existieran. Samuel frunció el ceño a los hombres que pasaban alrededor de él como si no existiera. Él no existía. Él estaba colgado de las vigas del puente. Él estaba muerto.

La confusión volvió muda su mente. Él no podía pensar claramente mientras veía como su cuerpo era abandonado en el bosque. Él no se había percatado como las horas habían pasado hasta que un sonido en la carretera llamó su atención. Mirando hacia arriba, él miró que el sol se había puesto en el lado oeste del horizonte. El atardecer estaba apareciendo. Los pájaros cantaron en los arboles preparándose por el anochecer. Las ardillas corretearon a sus guaridas. El cuerpo de Samuel aún colgado en el medio del bosque.

El sonido de un vagón de hizo más fuerte. El sonido de los caballos cabalgando con el sonido del vagón. Samuel volteo con ojos tristes a ver quién se había encontrado con su cuerpo. Él se levantó mientras vio que era el patrón Iván sentado en el banco con las riendas en sus manos.

El joven hombre detuvo el vagón de un solo tirón en sus manos y se quedó sentando sin moverse, con los ojos en el cuerpo de su amigo. Por varios momentos, él miró con lágrimas bajando suavemente por sus mejillas.

“¡Maldición!” susurró. “Pensé que lo habías logrado”.

El patrón Iván salió del vagón y acarició el cuello de uno de los caballos mientras caminaba al lado de él. Él continuó hacia el cuerpo de Samuel y se quedó ahí parado.

“Lo intenté”. Él sacudió su cabeza. “De verdad lo intenté”.

Samuel se movió hacia él. “Pero está bien, patrón Iván, aquí estoy”. Él se detuvo mientras se percataba que aún se encontraba muerto y que su patrón no podía verlo. Él miró hacia sus manos y se abrazó a sí mismo al verse derrotado.

El patrón Iván sacó un cuchillo de su bota y subiéndose hasta llegar arriba de Samuel. El tener dos pulgadas más alto que el esclavo, le ayudó para llegar hasta la soga. Él cortó el material grueso. Mientras el cuchillo atravesaba la soga, el cuerpo de Samuel empezó a caer. El patrón Iván rápidamente tomó su cuerpo. Con un gruñido, él lo bajó hasta el suelo. Sobre él, el patrón Iván sollozó.

Samuel sintió un dolor endureciendo su corazón. Él quería poder consolar al hombre, pero no tenía ni idea cómo. Él era sólo un esclavo. Samuel frunció el ceño. No, el cuerpo en el piso era un esclavo. Él ya no existía en ese cuerpo. Samuel tomó un paso tentativamente. Sacando suficiente coraje para seguir con su idea, él se movió al lado de El patrón Iván y se arrodilló a su lado sobre su cuerpo.

Él colocó sus brazos alrededor de su amigo. Prohibido en ofrecer semejante consolación tan íntima en el mundo físico, pero espiritual, él podría sobrepasar ese tabú.

El patrón Iván hizo una pausa, y miró a su alrededor. “Si no lo supiera mejor, Samuel, juraría que estabas aquí conmigo”.

“Lo estoy. Aquí mismo estoy”.

Sin poder oírlo, El patrón Iván dio una palmada al brazo del hombre muerto. “Ya me hice cargo de Lilie por ti. Papá llegó a la casa para encontrar que se había ido, y me amenazó con dispararme”.  Una pequeña risa se escapó. “Yo siempre odié que mamá tratara de defenderme, pero esta vez estoy agradecido que ella estaba ahí. Honestamente creo que él me hubiera matado ahí mismo en la casa. Pero ya era demasiado tarde. La venta fue legal y unida. Lilie le pertenece ahora a los Bowers. Él prometió en darle un trabajo en la casa, y cuidar del bebé.  De hecho, su esposa estaba emocionada de tener un pequeño a quien querer. Lilie estará bien, pero ella llorará por ti, al igual que yo”.

El patrón Iván se puso de pie, y se ahogó en dolor. “Te quise como un hermano, aunque nunca te lo demostré. Lo intenté, pero tenía miedo. No soy digno de hombre si no tengo el coraje de decirle a alguien lo que siento por ellos. ¡Maldita sociedad! Cuando la plantación sea mía, existirán cambios. Te lo prometo, Samuel. Y mi primer hijo será llamado en tu nombre”.

Samuel se paró y observó cómo el patrón Iván levantaba su cuerpo de esclavo, y lo acostaba gentilmente sobre el vagón. Él tomó un paso para seguirlo, pero se encontró que no podía moverse sino sólo a unos metros alrededor. Después de algunos intentos, él se detuvo y observó como el vagón se desaparecía de su vista. La noche llegó a su alrededor. Él se encontraba atascado en ese lugar.

Él se recostó en un hoyo que se formó en un árbol a unos metros de distancia de la carretera, mientras observaba como el mundo se movía sin él. Él vio como el sol y la luna se levantaban en el horizonte más veces que las que pudo contar. Las hojas se volvieron marrones, y cayeron, y volvieron con el vivo color verde. Él miró como la nieve se caía a su alrededor mientras observaba como los vagones se movían a través del puente.

Muchas veces, él corrió hacia la carretera y le gritó a la gente, pero ellos pasaban sin ninguna atención hacia su dirección. Samuel deseaba poder hablar con alguien. Él se encontraba solitario en el espacio del bosque, que ahora era su hogar. Cientos, sino miles, de veces él le había suplicado a Dios, que lo tomara, o lo dejara en las llamas del infierno. Asombrado de encontrarse tan solo en un mundo donde tanta gente existía a su alrededor, era una versión del infierno que él no podía escapar.

La vista de soldados marchando en la carretera a través del puente lo mantuvo callado por muchos años. Él aprendió a través de las conversaciones de los soldados mientras pasaban que la guerra que se peleaba tenia a la nación dividida, todos los estados con derechos, y el derecho de tener esclavos. Él celebraba cuando escuchaba a los jinetes corriendo la voz que el norte había ganado, y la esclavitud había terminado.

Años siguieron pasando mientras él observaba cómo raras trampas iban tomando el mundo, dejando los vagones atrás. Era un mundo donde él no pertenecía. Él quería ser libre. Él había intercambiado un tipo de esclavitud por otro.

Él había perdido la noción de cuántos inviernos habían pasado desde su muerte. Era un verano caliente como cualquier otro cuando escuchó el sonido de unas risas. Él salió de su hoyo del ahora árbol muerto y observó cómo cuatro adolescentes seguían su camino por la carretera en extrañas carretas hechas de dos ruedas.

“¡Vamos! Ahí lo veo”, un chico gritó mientras guiaba al pequeño grupo. “Ahí está el puente”.

El puente se había convertido en una pieza mucho más grande de cuando la muerte de Samuel. Una sociedad histórica local lo había renovado. Él escuchó sus susurros como inquietante. Él pensó que a lo mejor estarían hablando de él, pero ¿cómo podrían saber que estaba ahí? Nunca nadie lo reconoció.

Mientras los adolescentes se acercaron a él, él se percató más en ellos. El chico guiándolos era un chico blanco alrededor de los catorce años. El de su derecha detrás de él, era una niña blanca. Detrás de ella, se encontraban dos niños negros. Todos parecían tener la misma edad.

Él aún disfrutaba observar la vista de todos los colores de piel que se mezclan en la sociedad. Era algo que nunca pensó que pudiera pasar. El mundo había cambiado en tantos aspectos.

Los cuatro niños se detuvieron al borde del puente. Ellos miraron por encima de la carretera, antes de mover las bicicletas, por si pasaba algún auto sobre el puente. Samuel vio como ellos observaron arriba hacia las vigas.

“¿Fue ahí?”. El niño de color apunto.

El niño que guiaba al grupo asintió. “SIP. Mi abuelo dijo que él lo colgó a él, ahí mismo”.

El corazón a Samuel le dolió mientras escuchaba que hablaban de él. Él sabía que no hubo otro linchamiento. Él había visto a todas las personas que habían pasado. Incluso había visto al patrón Iván pasar con su familia. Cuando él llegó a la carretera, ellos ya habían pasado. Cuanto había deseado poder hablar con su amigo. Años pasaron hasta que se dio cuenta que nunca más vio al joven patrón.

La niña de color se movió había adelante. “GUAU! ¿Y sólo porque intentó escapar?”.

“Si”.

La niña blanca apuntó hacia el niño de color. “¿Tus ancestros?”.

Samuel movió su cabeza, ¿Ancestros?

“Eso es lo que dice el abuelo de Sam. Y por eso yo me llamo Iván, y todos los hombres antes que ellos son llamados así”.

El niño blanco riendo. “Eres llamado después del patrón de un esclavo y yo soy llamado por un esclavo”.

La niña de color se sentó en un árbol caído. “Pero, ¿Por qué? Eso no nunca debió haber pasado”.

Sam se apoyó sobre el marco del puente. “De acuerdo al abuelo, el patrón del esclavo, Iván, trató de salvar al esclavo Samuel de ser colgado”.

“Pero parece que no funcionó”. Iván miró había arriba otra vez.

“No. Él fue atrapado. El patrón Iván se sintió tan mal que enterró al esclavo en una tumba escondida, y prometió cuidar a su amada y que nombraría a su hijo con su nombre en su memoria. En honor al patrón quien la salvó y a su hijo, ella llamó a su bebé Iván. La tradición empezó ya que las familias vivían cerca. De hecho, ahora mi padre trabaja para el padre de Iván”.

Los niños rieron como sólo niños inocentes que nunca han enfrentado un juicio y tribulaciones pudieran reír. El corazón de Samuel se sintió cálido. Él caminó hacia ellos y miró a quienes serían sus tataranietos. Su familia había crecido y sobrevivido todos estos años. Él miró hacia el descendiente del patrón Iván y empezó a llorar. Ellos habían ayudado a cambiar al mundo. Ambos podían ser amigos en público.

La niña blanca recogió su bicicleta y llamó a la otra chica. “Vamos Lilie. Vamos a competir con ellos hasta la casa”.

Samuel se volteó a mirar a la joven chica. Ella se colocó en su bicicleta. Antes de que fuera a pedalear, ella miró en dirección a Samuel. “Cuídate”, dijo suspirando.

Antes que él pudiera responder, los cuatro niños ya estaban pedaleado. Él había apreciado que no toda la esperanza había desaparecido. Él pudo ver que su propia sangre eran amigos con los del joven Iván. Con una señal, él miró arriba al cielo y lloró. Samuel sintió que su cuerpo empezó a flotar. Él iba a descubrir la verdadera libertad.

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